¡Ravel y Carmen – 150 años!

Orquesta Sinfónica Nacional

La Orquesta Sinfónica Nacional del Sodre recibe al distinguido director francés Martin Lebel.

Figura fundamental del Impresionismo musical, Maurice Ravel estará presente a través de cuatro de sus obras; entre ellas, la deslumbrante La valse (El vals), que refleja la fineza absoluta en el manejo de la orquesta por parte del compositor. Asimismo, contaremos con la participación solista de la destacada mezzosoprano española Nancy Fabiola Herrera, quien interpretará arias de la ópera Carmen de Georges Bizet (entre ellas, la famosa Habanera), además de Sheherazade de Ravel.

Programa

Maurice Ravel
(Ciboure, 1875 – Paris, 1937)

INTERVALO DE 15 MINUTOS

Maurice Ravel

Georges Bizet
(Paris, 1838 – Bougival, 1875)

Maurice Ravel

Sheherazade, obertura feérica
Sheherazade, tres poemas de Tristan Klingsor para voz y orquesta

  1. Asia
  2. La Flauta Mágica
  3. El indiferente

Alborada del gracioso

L’amour est un oiseau rebelle (Habanera) de Carmen
Interludio de Carmen
Chanson Boheme (Carmen, Acto II, Nro. 12)

La valse

Director invitado: Martin Lebel (Francia)

Mezzosoprano: Nancy Fabiola Herrera (España/USA)

Maurice Ravel

En 1887 miembros de la Academia de Bellas Artes de Francia se pronunciaron sobre una obra para coro y orquesta presentada por Claude Debussy: “Su gusto por el color musical es tan fuerte que se olvida de la importancia en la precisión de la línea y la forma. Debería cuidar este vago impresionismo, el cual es uno de los más peligrosos enemigos de la verdad artística”. Era la primera vez que el término “impresionista” –asociado al estilo pictórico originado en Francia en la década de 1870– se empleaba para describir una música determinada. El propio Debussy tachaba de “imbéciles” a quienes usaban esa vaga etiqueta; sin embargo, existen puntos de contacto estéticos entre el impresionismo visual y musical. El foco en el color es ciertamente el más evidente. El timbre –que es el término correspondiente en música– se define sobre todo a través de la orquestación; una práctica que Maurice Ravel desempeñaba extraordinariamente.

Ravel siempre demostró un vivo interés por géneros musicales del pasado. El vals vienés, que alcanzó su pico de popularidad en el siglo XIX con la figura de Johann Strauss II, lo atraía especialmente. Sus Valses nobles y sentimentales de 1911 homenajean esta danza con Schubert en mente; sin embargo, el compositor ya había empezado a imaginar un tributo a Johann Strauss II en 1906. Luego de servir como conductor de ambulancias para el ejército francés durante la Primera Guerra Mundial, Ravel todavía mantenía su intención creativa, aunque la connotación sociológica del vals vienés había cambiado drásticamente tras la guerra. Compuesta entre 1919–20, La valse se va revelando gradualmente más como una danza macabra que como un baile alegre que refleja la autocomplacencia vienesa. Comentó Ravel: “Concebí esta obra como una especie de apoteosis del vals mezclado –en mi mente– con la impresión de un torbellino fantástico y fatal”. Aunque puede percibirse un carácter festivo en la superficie de la música, las ideas musicales resultan por momentos difusas e inquietantes, y la elegancia intrínseca a esta danza aparece distorsionada e invadida por armonías disonantes y melodías fragmentadas.

Además del interés por estilos y formas del pasado, a menudo aflora en la obra de Ravel un gusto por lo exótico. Obras como Bolero, Rapsodia española o la ópera La hora española, reflejan la atracción del compositor por el país ibérico y su música (Ravel provenía de un pueblo justo entre el límite entre España y Francia, y su madre era de origen vasco). Entre estas obras también encontramos Alborada del gracioso, escrita originalmente para piano en 1904–05 (como parte de su suite Miroirs) y orquestada por el propio compositor en 1918. Esta pieza exhibe su aire español desde el inicio, con el pizzicato de las cuerdas y el arpa que evocan el sonido de la guitarra. La seguidilla (danza tradicional española de tempo animado) aparece a lo largo de toda la obra, la cual no deja de jugar con todo tipo de contrastes (de intensidad, ritmo, tempo y timbre). Se destaca un largo solo de fagot marcado en la partitura “expresivo como un recitativo” que ofrece un carácter más sobrio a la pieza.

Ravel también se dejaba seducir por la música húngara (Tzigane), griega (Cinco melodías populares griegas) y hebrea (Dos melodías hebraicas), así como por la cultura de Oriente, reflejada en su ciclo de canciones Shéhérazade y en la obertura homónima. Fascinado desde joven por Shéhérazade, la narradora y heroína de Las mil y una noches, Ravel intentó componer una ópera basada en algunas de sus historias. Sin embargo, nunca la terminó, y de ella solo se conserva la obertura (Shéhérazade, obertura feérica, 1898) que forma parte del presente programa. Tras un estreno sin mucho éxito, el compositor decidió no publicarla, considerándola un intento inmaduro dentro de su evolución artística. En ella se observa la influencia evidente de Rimsky–Korsakov, cuyo célebre poema sinfónico Shéhérazade (1888) había dejado una fuerte impresión en el joven Ravel.

En 1903, Ravel leyó el libro de poemas titulado Shéhérazade que acababa de publicar el escritor Arthur Leclère, quien usaba el seudónimo wagneriano de Tristan Klingsor. Encantado con los poemas, el compositor inmediatamente se lanzó a poner música a tres de ellos, rescatando algunas ideas musicales de la ópera que no había completado cinco años atrás. En Shéhérazade, tres poemas de Tristan Klingsor para voz y orquesta Ravel reconoció la influencia de Debussy y expresó también: “Aquí, una vez más, me rendí a la profunda atracción que Oriente ha ejercido sobre mí desde mi infancia”. Con las repetitivas palabras “quisiera ver…”, el poema Asia habla del febril deseo del poeta por escapar de la vida cotidiana hacia paisajes y escenas asiáticas idealizadas. Sobre un canto casi estático, La flauta mágica describe a una joven esclava que escucha la flauta de su amado a la distancia. La última canción del ciclo, El indiferente, ha dado lugar a diversas interpretaciones. En ella, el poeta expresa su fascinación por los encantos de un joven andrógino a quien intenta persuadir sin éxito para que entre en su casa a beber vino. No se especifica si quien lo admira es un hombre o una mujer.

Carmen

Compositor francés del período romántico, Georges Bizet es conocido principalmente por su ópera Carmen, una de las más interpretadas en la historia del género. Aunque su carrera estuvo marcada por un reconocimiento limitado en vida, su talento para la melodía, el color orquestal y el dramatismo lo convirtieron en una figura fundamental de la ópera francesa. Aun cuando Bizet, al parecer, jamás visitó España, logró captar en Carmen la autenticidad musical del país al igual que Ravel, aunque con enfoques distintos.

Escrita entre 1873–74, Carmen nace como un encargo de la Opéra–Comique y su libreto se basa en la novela corta homónima de Prosper Mérimée. El presente programa ofrece una selección de los momentos más destacados de la ópera. La música del interludio entre los actos segundo y tercero, traslada la trama desde Sevilla al campo a través de una evocadora melodía en la flauta y el clarinete. En la Chanson bohème, Carmen entretiene a la multitud con una melodía seductora, junto a sus amigas Frasquita y Mercedes. Aria más popular de la ópera, El amor es un pájaro rebelde (más conocida como la Habanera) es el canto en el que Carmen expresa su visión libre y caprichosa del amor. En la letra, lo compara con un pájaro indomable que no puede ser domesticado ni controlado. Bizet tomó esta melodía creyendo que se trataba de una canción popular anónima; sin embargo, en realidad pertenecía a El arreglito (1863), obra del músico español Sebastián Yradier. Al conocer su verdadera autoría, Bizet añadió el crédito en la primera edición de la partitura vocal de Carmen.

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